Por A. D. Hans Soria O. - Los Tiempos - 6/05/2014
Ed. Impresa EXPECTATIVA. El agro boliviano puede abastecer al mundo con alimentos como la quinua, la soya y otros si se aprovechan adecuadamente la calidad de los suelos y la disponibilidad de agua existentes en el país.
Bolivia cuenta con potencial agrícola capaz de producir tres
veces más de lo que actualmente produce y lograr excedentes para exportar
alimentos, siempre y cuando haya una alianza público-privada que realice
grandes esfuerzos para cumplir cuatro condiciones: innovación tecnológica,
sistemas de riego, infraestructura caminera y acceso a servicios financieros,
señalan empresarios, productores y analistas económicos.
Según un informe publicado recientemente, por el Global Harverst Initiative (GHI) y el
Banco Interamericano de Desarrollo (BID), América Latina y el Caribe pueden
ayudar a alimentar a 9 mil millones de personas para el año 2050, siempre y
cuando se implementen acciones de clave para reforzar la productividad
agrícola.
Según los representantes de la Cámara Agropecuaria del
Oriente (CAO) y de la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas
(Anapo), Bolivia reúne condiciones climáticas y topográficas para desarrollar
una agricultura extensiva, ya sea en el oriente, en los valles o en occidente.
“Somos un país privilegiado por la naturaleza. Tenemos 34
zonas ecológicas diferentes para desarrollar toda clase de cultivos, un mercado
interno creciente, productos nativos de exportación e instituciones con
experiencia en desarrollo agrícola”, afirma
el gerente general de la CAO, Edilberto Osinaga.
Sin embargo, el presidente de la Fundación Valles, Edgar
Guardia, identifica como debilidades de la actividad agrícola el bajo nivel de
innovación y adopción tecnológica, bajo nivel de inversión pública y privada,
deficiente acceso a mercados de exportación, débil organización de los actores
del sector e inadecuados servicios financieros y no financieros.
En busca de hacer frente a las debilidades, el presidente de
la Asociación de Productores de Oleaginosas (Anapo), Demetrio Pérez, señala que
se debe facilitar el uso de transgénicos y de biotecnología en general, para
mejorar los rendimientos productivos del algodón, maíz y soya e implementar un
agresivo programa de mecanización del agro. “Contra desastres naturales (debe
haber) un plan maestro de drenaje y programas de construcción de defensivos”,
agrega.
La presidenta de la Federación Nacional de Cooperativa
Arroceras (Fenca), Salomé Tupa, dice que su sector podría triplicar la
producción de arroz dentro de dos a tres años si el Gobierno y los arroceros
acuerdan inversiones en la implementación de una variedad de sistemas de riego.
El analista económico Roberto Laserna sostiene que el
Gobierno debería liberar la propiedad agrícola de la tutela estatal para que
los campesinos y productores más
agresivos e innovadores puedan agregar parcelas y lograr cultivos de más alta
productividad. Pero también darle prioridad al riego, liberando el mercado de
aguas. “Tenemos un sistema prefeudal de control de pozos de agua en todo el territorio nacional, vertientes y
mitas de riego que impiden hacer
inversiones en sistemas de riego, y que imponen procedimientos que desperdician
el agua”, sostuvo.
Según el ejecutivo de la Fundación Valles, todos los rubros
agrícolas requieren de innovación tecnológica e inversiones significativas para
desarrollarse y alcanzar niveles de exportación. La inversión debe ser la
necesaria para lograr cantidad y calidad en la producción a precios
competitivos, señala y agrega que los polos de desarrollo agropecuario se
definen en función a los lugares donde se encuentran las mejores condiciones y
el potencial para el desarrollo de los cultivos. Pone como ejemplo el altiplano
para la quinua, Santa Cruz para cultivos agroindustriales, Pando para castaña,
Tarija para uva o Cochabamba para pollo y leche.
En Cochabamba, los productores de banano (en el trópico) y
de frutas, hortalizas, forraje y maíz
(en los valles) requieren sistemas de alerta temprana contra fenómenos
climáticos para evitar los desastres de los últimos cinco años y garantizar la
producción de alimentos, señala el ejecutivo del Consejo de Competitividad de
Cochabamba, Rodrigo Paniagua. En el caso
de los productores de leche y de carnes de pollo y cerdo, dice que no tendrían
dificultades en incrementar su producción para la exportación si se garantiza
la provisión de alimentos y otros insumos.
Empresarios, productores y economistas coinciden que la alianza público-privada es
el mejor instrumento para desarrollar el sector agropecuario boliviano, tanto
en investigación y desarrollo de tecnologías como en nuevos proyectos e
inversiones. “Siempre que exista confianza mutua y se cuente con reglas claras
donde se establezcan las responsabilidades, tareas y niveles de inversión
compartidos”, sostiene Guardia.
Además, Laserna recomienda evitar medidas de protección de
corto plazo que prohíben exportar o importar ciertos productos a pesar de que
existen excedentes. Afirma que es algo que se hace al calor de las presiones de
pequeños grupos de comerciantes o consumidores o de las urgencias políticas de
los Gobiernos.
ENTREVISTA
Gary Rodríguez Gerente General Instituto Boliviano de Comercio Exterior
(IBCE)
Estrategia público-privada para el 2025
En julio del año 2013, en el marco del “Encuentro
Agroindustrial Productivo - Más inversión, más empleos” realizado en Santa Cruz
con la crema y nata del sector agroproductivo, pero además con altos
representantes del Gobierno, se lanzó un hermoso desafío hacia el 2025:
triplicar la producción de alimentos en Bolivia y multiplicar por 10 el volumen
de exportaciones de alimentos al mundo, proponiéndose para ello una estrategia
público-privada, que el Vicepresidente del Estado aceptó.
Bolivia tiene un enorme potencial productivo de tierra
cultivable por utilizar que no aprovecha, sino mínimamente, y pese a ello ha
realizado grandes avances: Teniendo 30 millones de hectáreas para la producción
agropecuaria, con sólo utilizar 3,2 millones en cultivos y 2 millones en
pasturas, ha logrado su soberanía alimentaria casi en todos los renglones de
alimentos básicos a excepción del trigo, pero además una exportación anual de 2
millones de toneladas de alimentos que van a diferentes países del mundo.
Y si bien debemos sentirnos satisfechos de que gran parte de
esto se haya logrado gracias al esfuerzo agroproductivo de Santa Cruz, con el
agradecido aporte de los bolivianos de todos los departamentos residentes allí,
y de los extranjeros que han llegado a invertir ahí, cada región de Bolivia
tiene un gran potencial agropecuario por desarrollar. No sólo con la soya, sino
también con la quinua ha quedado más que demostrado que cuando existe mercado y
capacidad para producir, la consecuencia es una explosión de oportunidades.
Triplicar la producción de alimentos hasta el 2025 es
perfectamente posible, pues se utilizaría 13 de las 30 millones de hectáreas
disponibles, para pasar de las actuales 15 millones de toneladas de alimentos,
a 45 millones. De ese volumen, 24 millones de toneladas serían para los 14
millones de bolivianos que seremos entonces y 21 millones se exportaría para alimentar al mundo y las
ventas externas crecerían 10 veces.
Potencial productivo
Bolivia cuenta con 30 millones de hectáreas de tierra
cultivable, distribuidas en las alturas, valles, yungas y oriente boliviano, de
las cuales apenas 3,1 millones son utilizadas en la producción de más de 33
alimentos básicos de la canasta familiar. En conjunto, esos alimentos
representaron el año pasado alrededor de 15 millones de toneladas, según
estadísticas del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
La cantidad de trabajadores que dependen económicamente de
la agricultura bordea los 1,7 millones de bolivianos, es decir, tres de cada 10
bolivianos, entre hombres y mujeres, se dedican a cultivar la tierra y producir
alimentos. Los bolivianos consumen el 95 por ciento de los alimentos que se
producen en Bolivia y son autosuficientes en la producción de tomate, cítricos,
banano y carnes de res y pollo.
La producción agropecuaria nacional en 1988 bordeó los 300
millones de dólares; mientras que el año 2011 alcanzó 1.209 millones de
dólares. El departamento de Santa Cruz
se ha convertido en el principal productor de alimentos que consumen los
hogares bolivianos. Produce actualmente el 83 por ciento del volumen de arroz
que se produce en Bolivia; el 72 por ciento de maíz; el 76 por ciento de trigo
y el 100 por ciento de oleaginosas, entre otros.
Dos granos de alto valor exportador
La soya en las llanuras orientales y la quinua en los Andes son los dos
productos alimenticios que representan la identidad productiva de Bolivia y
garantizan la seguridad alimentaria de los bolivianos, según Gabriel Dabdoub
Álvarez, presidente de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz.
Explica que este año la producción de soya en las tierras
bajas del este (Cuatro Cañadas, Norte Integrado y Minero), en Santa Cruz, se
incrementó en un 1,8 por ciento. En 2013, llegó a superar las 1,9 millones de
toneladas métricas.
Las exportaciones de soya, y derivados (torta y aceite)
alcanzaron un valor de 1.176 millones de dólares durante la gestión 2013, es
decir, 210 millones más que los 965 millones del año 2012. El año 2011, las exportaciones de soya se
situaron con 686 millones de dólares.
“Actualmente, Bolivia es el quinto productor de soya de
América Latina y noveno exportador de torta de soya a nivel mundial y está
considerado también entre los principales exportadores de aceite de soya de la
región”, señala.
Respecto a la quinua, un informe de la Fundación Mileno
señala que la superficie cultivada del “grano de oro” en el altiplano paceño,
orureño y potosino, registró un crecimiento de 130 mil hectáreas el año pasado
sobre las 866 mil que tenía en 2012.
La producción nacional de quinua también se incrementó en un
20 por ciento, de 48 mil toneladas el año 2012 a algo más de 60 mil toneladas
el año 2013. Milenio observa que si bien la superficie y producción se
incrementaron, el nivel de rendimiento se vio reducido en un 11 por ciento, de
524 kilogramos por hectárea el año 2012, hasta 466 kilogramos el año 2013.
El informe de Milenio destaca que “el impulso generado desde
el Gobierno nacional y la comunidad internacional al consumo de la quinua,
denominando el año 2013 como el Año Internacional de la Quinua, ha sido
trascendental, inclusive es parte del elemento alimenticio de diferentes
programas alimenticios a nivel nacional”.
El año pasado, Bolivia exportó 19.557 toneladas métricas de
quinua por un valor de 57 millones de dólares, siendo Estados Unidos el mayor
receptor con un 48 por ciento del volumen exportado.
Dabdoub informa que el mejoramiento de las vías de acceso a
las plantaciones, la seguridad jurídica contra los avasallamientos y la
libertad de las exportaciones, seguirán siendo la tarea pendiente para fomentar
y mejorar la producción de quinua en el altiplano y de la soya en el oriente.
Fotografía: Producción de soya en el departamento de Santa
Cruz. - Redacción Central y El Deber Agencia.
0 comentarios:
Publicar un comentario